Paisaje industrial

Por la Ría de Bilbao

Aunque a mediados del siglo XIX empezasen a montarse ya los altos hornos, -la creación del primer horno tiene lugar en 1841 y la del primer alto horno en 1857- Bilbao no despegará hasta superar el último envite de las Guerras Carlistas en 1874. Con el final de estas Guerras se suprimen los fueros que impedían la e xtracción masiva del mineral de hierro y su exportación, así como también las aduanas interiores que se trasladan a la costa y, además, se amplia el territorio de la villa, con la absorción de las vecinas anteiglesias de Abando, Begoña, y, algo más tarde, Deusto.

La Ría de BilbaoEsta situación favorable actuará como polo de atracción de capitales extranjeros y empezarán a instalarse importantes empresas mineras como la franco-belga MacMahón, a la vez que se levantarán las primeras fábricas de producción masiva con capital nacional. Esta coyuntura económica influirá de forma determinante en la delimitación del suelo industrial que, tras el ensanche de Bilbao, -en 1876 se aprobó el Plan de Ensanche de Bilbao redactado por Alzola, Achucarro y Hoffmeyer- se extenderá a lo largo de la orilla izquierda de la ría, mientras que la derecha se dejará para ocupación residencial.

Estas industrias tendrán, finalizada la I Guerra Mundial, una fuerte demanda que atender, los países en reconstrucción, y, posteriormente, y tras el aislamiento de España del concierto internacional por su postura de neutralidad en la II Guerra, el mercado nacional, ya que la España franquista dependerá en gran medida de la industria pesada del Norte.

El desarrollo industrial de la margen izquierda de la ría se unió al triunfo de una burguesía bilbaína que impulsará empresas siderúrgicas y navales, la banca -se crea el Banco de Bilbao- y el comercio, convirtiendo a Bilbao en la capital económica del País Vasco.

La Ría de BilbaoPero tras la crisis que afectó a todo el mundo occidental a partir de mediados y finales de la década de los 70 del siglo pasado, el declive industrial se hace patente en la zona. No obstante, también hubo efectos positivos, la entrada de España en la CEE y la llegada de fondos europeos de cohesión y desarrollo, -cuya misión era recuperar zonas degradadas o áreas industriales en declive, a través de usos alternativos en infraestructuras, residenciales, ocio y parques tecnológicos o de nueva industria,- hicieron posible la diversificación de actividades y el cambio de imagen de una gran ciudad como es Bilbao.

Para la gestión y coordinación de tales fondos se creó la Sociedad Pública Bilbao Ría 2000, en la que participan como socios el Gobierno Central, Gobierno Vasco, Diputación de Bizkaia, Puerto Autónomo, Red de ferrocarriles RENFE y los Ayuntamientos de Bilbao y Barakaldo.

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